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Mente y ánimo

Autocompasión: cómo dejar de ser tan duro contigo mismo

Fundador, centered spaceBasado en la investigación sobre autocompasión5 min de lectura

Nunca le hablarías a alguien que quieres como te hablas a ti mismo. La investigación es clara en esto: ser más duro contigo no produce más cambio. Ser más amable, sí.

La respuesta corta

La autocompasión es tratarte como tratarías a un amigo: con amabilidad en vez de crítica. Tiene tres partes: amabilidad contigo mismo (suavidad en vez de dureza), humanidad compartida (recordar que pasarla mal es parte de ser humano, no un defecto tuyo) y atención plena (notar el dolor sin exagerarlo ni enterrarlo). La investigación muestra que esto, y no el castigo, es lo que de verdad predice el cambio.

Por qué “ser más duro conmigo” sale al revés

Suena lógico: ponte firme contigo y por fin vas a ordenarte. Pero la investigación sobre autocompasión, liderada en buena parte por la psicóloga Kristin Neff, encuentra lo contrario. La autocrítica tiende a activar vergüenza, y la vergüenza hace que la gente evite, se esconda y abandone, no que mejore. La autocompasión, en cambio, se asocia con más resiliencia y más ganas de volver a intentarlo, no menos.

Vales para las personas de tu vida, lo sientas del todo ahora mismo o no; la parte difícil suele ser ver tu propio valor, no ganártelo.

Las tres partes de la autocompasión

Amabilidad contigo mismo

Háblate como le hablarías a alguien que quieres, sobre todo cuando no diste la talla. No es positividad vacía, es la misma suavidad básica que le darías a cualquier otra persona que la está pasando mal.

Humanidad compartida

Pasarla mal no es señal de que algo esté mal solo contigo. Es parte de ser humano. Recordar que “todos lo intentan y todos tropiezan” te saca de esa sensación aislante de estar fallando en soledad.

Atención plena

Nota el dolor sin convertirlo en catástrofe y sin enterrarlo fingiendo que está todo bien. Solo eso: esto duele, y es real.

Tres formas pequeñas de practicarla

  1. Una mano en el pecho. Cuando aparezca el juicio hacia ti, pon una mano sobre tu pecho, o date un apretón breve y suave en el brazo. El calor físico se registra antes que las palabras.
  2. Nómbralo sin adornos. “Este es un momento difícil. A todo el mundo le pasan momentos difíciles.” Simple, en voz alta o por dentro.
  3. Haz la pregunta del amigo. “¿Qué le diría a alguien que quiero si estuviera pasando por esto?” Y después dítelo a ti.

No hace falta que te lo creas primero

No necesitas sentirte digno de amabilidad antes de dártela. Haz igual la cosa pequeña: la mano en el pecho, la frase sencilla. El sentimiento suele venir después de la práctica, no antes.

La autocompasión no es lo mismo que la autoestima

Es fácil confundirlas y vale la pena separarlas. La autoestima se construye en gran parte sobre la comparación: rendir bien, caer bien, salir adelante. Eso la vuelve inestable por diseño: sube cuando te va bien y cae fuerte cuando no. La autocompasión no depende de nada de eso. Está disponible en tu peor día exactamente igual que en el mejor, y por eso se sostiene justo en los momentos en que la autoestima se derrumba.

Cómo suena aplicada a un momento real

Las tres partes son fáciles de aceptar y más difíciles de usar en pleno momento. Así suenan aplicadas a algo cotidiano; digamos que le contestaste mal a alguien que te importa:

Y después, aparte, repara el momento si hay algo que reparar. La autocompasión no se salta la responsabilidad; es lo que hace que la responsabilidad sea lo bastante soportable como para de verdad hacerte cargo.

Vuelve a conectar con lo que sí es cierto de ti

La autocrítica tiene la costumbre de borrar lo bueno y agrandar cada defecto. Empuja a propósito en el sentido contrario: escribe unas cuantas cosas que de verdad son buenas en ti, aunque se sienta raro. Mirar tu propia cara con amabilidad, en voz alta, es una forma pequeña, extraña y sorprendentemente eficaz de recordar tu propio valor.

Más amable, una y otra vez.

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Preguntas frecuentes

¿La autocompasión te vuelve flojo o es darte permiso para todo?

No, la investigación encuentra lo contrario. La autocompasión predice mejores resultados que la autocrítica, incluida más motivación para cambiar, no menos. La autocrítica suele activar vergüenza y evitación, y eso frena el cambio; la autocompasión baja el miedo que te deja atascado.

¿Cuáles son las tres partes de la autocompasión?

Amabilidad contigo mismo (suavidad en vez de dureza), humanidad compartida (pasarla mal es parte de ser humano, no un fracaso personal) y atención plena (notar el dolor sin exagerarlo ni reprimirlo), tal como las define la psicóloga Kristin Neff.

¿Cómo practico la autocompasión si siento que no la merezco?

Empieza por algo pequeño y físico, no por la creencia. Una mano en el pecho, o decir en voz alta “este es un momento difícil”, funciona incluso antes de que te sientas digno de eso: la práctica construye el sentimiento con el tiempo, no al revés.

¿La autocompasión es lo mismo que la autoestima?

No. La autoestima se construye en gran parte sobre la comparación y el éxito, así que sube y baja según qué tan bien te vaya. La autocompasión no depende de eso: está disponible en tu peor día exactamente igual que en el mejor, y por eso se sostiene justo en los momentos en que la autoestima se derrumba.

No es consejo médico. Esto es información general, no tratamiento. Si la autocrítica se siente implacable o está ligada a una depresión, un terapeuta puede ayudarte. Si estás en crisis, comunícate con el número de emergencias de tu país o con una línea de ayuda local.